Desobediencia civil


La élite extractiva que está instalada en el poder succionando profesionalmente nuestros recursos económicos y esputando a cambio bazofia ideológica... está escandalizada con unas palabras del Cardenal de Valencia en las que recuerda que nadie está obligado a obedecer una ley inicua.
Sin embargo, la objeción de conciencia es una de las aportaciones más claras de la democracia para sostener la convivencia civil. Llevamos ya mucho recorrido con este sistema de gobierno como para hacernos ilusiones. Las leyes de un estado no las firma el Espíritu Santo. Tienen detrás grupos de presión e intereses a veces poco altruistas. No se liberalizan las farmacias porque no interesa a los farmacéuticos. Se intentó una ley para inspeccionar las chimeneas... promovida por una empresa que iba a inspeccionarlas, con un hijo de Jordi Pujol en las entretelas, etc...
Por no mencionar que las leyes de exterminio judío, la llamada solución final, fueron promulgadas por un gobierno legítimamente elegido en las urnas. 
No, no nos creemos ya que, sólo por ser votadas en un parlamento, unas leyes sean legítimas. Nuestro último juez es la propia conciencia. 
Si los católicos no admitimos que haya una autoridad por encima de la propia conciencia, ni siquiera el Papa... ¿cómo vamos a prometer una obediencia incondicional a autoridades de nivel inferior, como los gobiernos democráticos?
Con leyes como las que se están aprobando, que niegan la misma naturaleza, la existencia misma del sol, la democracia camina hacia el abismo, y no seré yo quien la llore, porque algunos la están usando para maquillar suavemente la tiránica imposición de sus mentiras. 
La llamada a no acatar las leyes inicuas no es un ataque a la democracia, como algunos indican, sino, precisamente, un sistema de seguridad humano necesario, precisamente, para que la democracia sepa autolimitarse y no amputar al hombre lo que más de humano hay en él: la conciencia y la libertad.

Lo trans

Dos juezas han permitido a dos menores cambiar el sexo en el DNI sin más requisito que pedirlo.

Eso significa, por ejemplo, que una chica de 16 años ingresada en un hospital, en una habitación compartida, puede tener en la cama de al lado a un hombre bien peludo, que tiene de nombre en el DNI "Maritere", y que, por tanto, es considerado legalmente mujer, e ingresado en habitaciones ocupadas por mujeres en un hospital.

De las duchas de los institutos ni hablamos.

En fin.

Mahoma, ven pronto, y trae la cimitarra.

El Papa se equivoca